Recomendaciones Fecha: 7/2/2026 · según categoría (Días de publicación: todos los 7 de cada mes)

Alerta de ola de calor: identificación y prevención de fallas en instalaciones eléctricas durante temperaturas extremas

Un termómetro infrarrojo y dos horas de inspección pueden evitar el incendio que nadie quiere explicarle a nadie.

Las olas de calor son eventos meteorológicos de alta temperatura sostenida durante al menos tres días consecutivos, con temperaturas diurnas que en el AMBA pueden superar los 38°C y nocturnas que no bajan de 25°C. Estos eventos, cada vez más frecuentes e intensos en el contexto del cambio climático, representan un riesgo específico para las instalaciones eléctricas por múltiples mecanismos simultáneos: aumento de la temperatura de trabajo de los conductores, mayor demanda sobre los equipos de protección, mayor susceptibilidad de los materiales orgánicos a la degradación térmica, y mayor probabilidad de fallas en equipos que ya presentaban problemas previos no detectados. La preparación ante una ola de calor no puede improvisarse: debe planificarse con anticipación.

El primer indicador de riesgo en una instalación durante una ola de calor es la temperatura superficial de los conductores y terminales. En condiciones normales, un conductor bien dimensionado opera a una temperatura similar a la ambiente; en condiciones de sobrecarga o de aislante degradado, su temperatura puede superar en 20 o 30°C la temperatura del entorno. La medición con termómetro de infrarrojos o cámara termográfica de los tableros, terminales y tramos de cable expuestos permite identificar puntos calientes que son precursores de falla. Esta técnica, conocida como termografía predictiva, es estándar en el mantenimiento industrial pero poco común en instalaciones residenciales y comerciales, donde podría prevenir la mayoría de los incendios eléctricos.

Los transformadores de distribución son equipos especialmente vulnerables durante las olas de calor. Su capacidad de disipación térmica depende de la diferencia de temperatura entre el aceite interno y el ambiente exterior: a mayor temperatura exterior, menor gradiente disponible para la transferencia de calor. Un transformador que opera al 80% de su capacidad nominal en invierno puede alcanzar su temperatura límite en verano bajo la misma carga. Los síntomas de un transformador bajo estrés térmico incluyen el burbujeo del aceite, la activación del relé de temperatura, el oscurecimiento del aceite y, en casos avanzados, el disparo de la protección de sobrecarga diferencial. La detección temprana de estos síntomas permite reducir la carga o programar el reemplazo antes de la falla definitiva.

Los cables enterrados son afectados por las olas de calor de manera menos visible pero igualmente significativa. El calor de la superficie se transmite por conducción a través del suelo y eleva la temperatura del terreno a la profundidad de instalación del cable. En suelos secos y compactos, la conductividad térmica es menor, lo que reduce la capacidad del cable de disipar el calor generado por efecto Joule. Esta situación puede llevar a la aceleración del envejecimiento del aislante, especialmente en zonas donde el cable ya lleva años de servicio y el aislante ha perdido parte de sus propiedades originales. La inspección visual de los tramos de cable accesibles y la medición de la corriente de carga son las acciones preventivas disponibles sin necesidad de excavar.

Los dispositivos de protección — termomagnéticos, fusibles, relés térmicos — presentan una dependencia de la temperatura que puede generar actuaciones inesperadas durante una ola de calor. Los disparadores bimetálicos de los interruptores termomagnéticos calibran su temperatura de referencia a 20°C o 25°C; en un tablero que opera a 40°C o más en verano, el bimetálico puede disparar a una corriente menor que la nominal, generando cortes "inexplicables" que en realidad son la respuesta correcta a un entorno de temperatura fuera de los parámetros de calibración. Esta situación puede confundirse con un interruptor defectuoso o con un problema en la carga, cuando el problema real es la temperatura interior del tablero. La ventilación del tablero es la solución más simple.

Los empalmes y conexiones son los puntos más susceptibles a la falla durante las olas de calor. La resistencia de contacto en una unión genera calor adicional que se suma al calor del conductor y al calor ambiente. En condiciones extremas, una conexión que en invierno opera a 50°C puede alcanzar 90°C o más en verano bajo la misma corriente, acelerando la oxidación del contacto, aumentando la resistencia y generando un ciclo positivo de degradación. La identificación de estas conexiones mediante termografía y su reapriete o reemplazo preventivo es una de las acciones más eficaces para reducir el riesgo de falla durante el verano.

Las instalaciones fotovoltaicas merecen atención especial durante las olas de calor, precisamente cuando generan más energía. Los paneles solares tienen un coeficiente de temperatura de potencia negativo: a mayor temperatura del panel, menor la potencia generada. Un panel que opera a 70°C (temperatura común en una instalación sin ventilación adecuada bajo el sol de enero) puede perder un 15-20% de su potencia nominal. Adicionalmente, los inversores fotovoltaicos tienen sistemas de protección térmica que reducen la potencia de salida o detienen el equipo cuando la temperatura interna supera ciertos límites. Garantizar la ventilación adecuada de los inversores y paneles es fundamental para el aprovechamiento máximo de la instalación durante el verano.

Los grupos electrógenos son equipos que deben estar disponibles precisamente durante las emergencias provocadas por una ola de calor. Sin embargo, si no se realiza mantenimiento preventivo, pueden fallar en el momento más crítico. El sistema de refrigeración del motor es el componente más sensible: el nivel de refrigerante, el estado del termostato, la limpieza del radiador y el estado de la correa de transmisión de la bomba de agua deben verificarse antes del inicio del verano. Un grupo electrógeno que no arranca o que dispara por sobretemperatura durante un corte en una ola de calor puede tener consecuencias graves en aplicaciones críticas como hospitales, centros de datos o plantas de tratamiento de agua.

La planificación de contingencia es el último eslabón de la preparación ante olas de calor. Las empresas y establecimientos críticos deben tener procedimientos documentados para responder ante cortes de suministro durante eventos extremos: quién notifica, quién toma decisiones, qué cargas se reducen primero, qué equipos tienen fuente de alimentación alternativa y cuál es el tiempo máximo de autonomía. Esta planificación debe incluir también la comunicación con la distribuidora local para conocer los protocolos de atención de emergencias y los tiempos estimados de reposición del servicio. La falta de planificación convierte una emergencia previsible en una crisis innecesaria.

IDEALCO recomienda que todos los instaladores y responsables de mantenimiento de instalaciones eléctricas realicen una inspección preventiva antes del inicio de la temporada de calor, poniendo especial atención en los puntos descritos en este artículo: termografía de tableros y terminales, revisión del estado de transformadores y cables en servicio, verificación de la calibración de dispositivos de protección y control de la ventilación de espacios técnicos. Los materiales necesarios para ejecutar estas acciones — cables de reemplazo, terminales de compresión, protecciones, bandejas y accesorios — están disponibles en el catálogo de IDEALCO, con asesoramiento técnico para seleccionar la solución más adecuada a cada necesidad.

La cultura del mantenimiento preventivo en instalaciones eléctricas es un diferencial competitivo para las empresas y una garantía de seguridad para las personas. En un contexto donde las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, adoptar una actitud proactiva frente a los riesgos eléctricos no es una opción: es una responsabilidad técnica y ética. Los profesionales del sector eléctrico son los principales actores en esta cadena de seguridad, y su conocimiento, criterio y compromiso son los factores que marcan la diferencia entre una instalación que soporta el verano sin incidentes y una que se convierte en fuente de un siniestro evitable.

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